
Comprendiendo el implante coclear:
funcionamiento, limitaciones y apoyo en el aula

Autor José Luis Verona Gómez
Introducción
Incluir a alumnos con implante coclear en aulas ordinarias plantea nuevos desafíos y oportunidades para los docentes. Un implante coclear es un dispositivo médico-electrónico que permite a personas con sordera profunda percibir sonidos, pero no restaura una audición “normal”. Por ello, entender cómo funciona este dispositivo, cuáles son sus limitaciones, la diferencia entre simplemente oír sonidos y comprender el lenguaje, así como las adaptaciones pedagógicas necesarias, resulta fundamental para los docentes. En este artículo explicamos de forma accesible el funcionamiento del implante coclear, desmontamos mitos comunes sobre sus alcances, y brindamos pautas para apoyar a estudiantes con implante coclear en su proceso de aprendizaje.
¿Cómo funciona un implante coclear?
Figura 1. Esquema del flujo funcional del implante coclear.

La eficacia del IC depende de la plasticidad del sistema auditivo central y de un entrenamiento auditivo sistemático, especialmente en población pediátrica (Giraud & Lee, 2007).
Un implante coclear es una prótesis auditiva electrónica que sustituye la función del oído interno. A diferencia de un audífono (que amplifica el sonido), el implante transforma las señales acústicas en señales eléctricas que estimulan directamente el nervio auditivo. El sistema consta de partes externas –un micrófono y un procesador de sonido detrás de la oreja– y partes internas –un receptor-estimulador implantado bajo la piel y un conjunto de electrodos insertados en la cóclea. En términos sencillos, el micrófono capta el sonido y el procesador lo codifica; luego el implantado recibe señales eléctricas a través de los electrodos, estimulando el nervio auditivo, y estas señales viajan al cerebro donde se interpretan como sonidos.
Este proceso permite a la persona oír ciertos sonidos del habla y del entorno, incluso si su oído interno está dañado. Sin embargo, la calidad de la señal eléctrica es distinta a la audición natural. La audición eléctrica proporcionada por un implante no tiene la misma resolución que la audición acústica normal, pues el implante utiliza alrededor de 12 a 22 electrodos para reemplazar miles de células ciliadas en la cóclea. Como consecuencia, los sonidos escuchados mediante un implante suelen ser menos ricos en matices. Por ejemplo, la música o las voces en un entorno ruidoso pueden percibirse de forma limitada. Estudios clínicos han confirmado que los usuarios de implante coclear presentan dificultades para entender el habla en ambientes con ruido de fondo, en comparación con oyentes normales. Esto se debe a que el implante solo entrega cierta información de frecuencia, lo cual dificulta discriminar palabras cuando hay ruido. En resumen, el implante coclear emula la función del oído interno, pero no la reproduce perfectamente – es un sustituto que proporciona una representación útil del sonido, suficiente para la comunicación oral en la mayoría de los casos, pero diferente de la audición típica.
Limitaciones: oír no es lo mismo que comprender
Un punto crucial para los docentes es entender que “oír” un sonido no garantiza “comprender” el mensaje. El implante coclear puede acercar al alumno a una sensación auditiva, pero la información que recibe está empobrecida y su cerebro debe procesarla con esfuerzo. Como resultado, muchos niños implantados necesitan entrenar sus habilidades auditivas y lingüísticas para dar significado a lo que oyen. Por ejemplo, pueden percibir que alguien les habló, pero quizá no discriminen todas las palabras o los matices de la frase, especialmente en situaciones acústicamente complejas (aula ruidosa, varios hablando a la vez, etc.).

Un error común es suponer que con llevar un audífono o un implante ya “oye perfectamente” y no requerirá apoyo adicional. En la realidad, incluso con la mejor tecnología, todos los alumnos con implante coclear enfrentan en mayor o menor medida barreras para acceder a la información solo por vía auditiva. Su rendimiento auditivo varía según muchos factores: la configuración de su pérdida (algunos escuchan mejor ciertos tonos que otros), el ruido ambiental, la distancia y visibilidad del hablante, y por supuesto su nivel de lenguaje y entrenamiento auditivo previo. Por eso, es común que estos estudiantes dependan también de señales visuales para complementar la audición. Muchos realizan lectura labiofacial inconsciente: necesitan ver el rostro del hablante para mejorar la comprensión. Igualmente, beneficios como un buen vocabulario y conocimiento del contexto les ayudan a “rellenar” lo que el oído no alcanza a distinguir.
Investigaciones educativas han mostrado que, si bien el implante coclear ha mejorado significativamente el acceso al sonido, los resultados en comprensión y lenguaje varían mucho entre alumnado implantado. Por ejemplo, un estudio de Archbold y Mayer (2012) encontró que el impacto del implante en la educación del sordo es positivo, pero no homogéneo: algunos niños desarrollan habilidades lingüísticas cercanas a sus pares oyentes, mientras que otros continúan necesitando apoyos especializados. Asimismo, Geers y Hayes (2011) reportaron que adolescentes con más de 10 años de uso del implante lograban niveles de lectura y escritura funcionales, pero con diferencias individuales notables en su procesamiento fonológico. Estos hallazgos subrayan la importancia de no asumir que el alumno con IC “ya está corregido”; por el contrario, requiere un seguimiento continuo de su comprensión real en clase y de su desarrollo lingüístico.
Adaptaciones y estrategias en el aula
Para un docente general, puede ser desafiante saber cómo apoyar a un alumno con implante coclear. Afortunadamente, existen estrategias comprobadas que facilitan la inclusión de estos estudiantes, permitiéndoles alcanzar su máximo potencial de aprendizaje. A continuación, se resumen consejos clave respaldados por expertos en Audición y Lenguaje:
Optimizar el entorno sonoro: Minimizar en lo posible el ruido de fondo en el aula. Cerrar puertas y ventanas para aislar ruidos externos, apagar ventiladores o proyectores cuando no se usen, y utilizar cortinas, tapetes en las patas de las sillas para amortiguar ruidos. Idealmente, la voz del profesor debería sobresalir al menos 15 decibelios por encima del ruido ambiental. Una medida efectiva es implementar normas de convivencia sonora: por ejemplo, pedir que solo hable una persona a la vez y que los demás escuchen en silencio.
Ubicación preferencial y visibilidad: Sentar al alumno con implante en las primeras filas, cerca de donde se sitúa el docente. También es conveniente alejarlo de fuentes de ruido (ventanas a la calle, computadoras ruidosas). Cuando explique, el docente debe procurar mantenerse de frente a la clase, evitando hablar de espaldas al escribir en la pizarra. Ver el rostro y la boca del profesor facilita la lectura de labios y la comprensión gracias a las expresiones faciales y gestos.
Comprobar la comprensión frecuentemente: No basta con preguntar “¿escuchaste?”; es mejor verificar haciendo que el alumno repita o reformule la instrucción dada. Por ejemplo: “A ver Juan, ¿puedes decirme con tus palabras qué es lo que hay que hacer ahora?”. Esto permite confirmar si realmente entendió o si necesita una repetición. Asimismo, enseñar al estudiante estrategias de reparación, como pedir que se repita lo dicho o que se hable más despacio, empodera su autonomía comunicativa.
Aprovechar tecnologías de apoyo: Muchos alumnos con IC usan sistemas de frecuencia modulada (FM) o micrófonos remotos que el profesor lleva consigo. Estos dispositivos transmiten la voz del docente directamente al implante del estudiante, mejorando significativamente la relación señal/ruido. Si la escuela cuenta con tales sistemas, es fundamental utilizarlos en clase y también pasarlos a los estudiantes cuando hablan en discusiones grupales, para que el compañero con IC los escuche claramente.
Apoyos visuales y multisensoriales: Acompañar las explicaciones orales con texto escrito en la pizarra, esquemas, imágenes o demostraciones prácticas beneficia enormemente al alumno con pérdida auditiva. Por ejemplo, escribir palabras clave del tema, las tareas o fechas importantes, ayuda a que no dependa exclusivamente de la audición para captar esa información. Del mismo modo, el uso de presentaciones visuales o videos subtitulados puede reforzar su comprensión.
Colaboración con especialistas: Es recomendable que el docente se asesore con el maestro/a de Audición y Lenguaje o el audiólogo sobre las necesidades específicas del alumno. Ellos pueden orientar sobre cómo manejar el dispositivo (por ejemplo, chequear diariamente que el implante esté funcionando y con baterías cargadas), qué sonidos o situaciones le resultan más difíciles, y qué logros realistas se esperan de acuerdo con su nivel auditivo. Este trabajo en equipo asegura coherencia entre el aula y la terapia o apoyo especializado que reciba el niño fuera de clase.
Conclusión
Para un docente general, entender la experiencia de un alumno con implante coclear es clave para promover su inclusión efectiva. El implante coclear es una herramienta poderosa, pero no devuelve la audición al estado típico; el alumno implantado puede oír sonidos y desarrollar el habla oral, aunque seguirá enfrentando retos auditivos y cognitivos particulares. Diferenciar entre oír y comprender nos alerta de que estos estudiantes pueden necesitar más tiempo, repeticiones o apoyos visuales para asimilar la información. Implementando sencillas adaptaciones en el aula – controlar el ruido, garantizar la visibilidad, usar tecnología de apoyo y verificar la comprensión – el docente puede marcar una gran diferencia en el rendimiento y la confianza de un alumno con implante coclear. En suma, se trata de combinar la conciencia de las limitaciones del implante con altas expectativas y apoyos adecuados, de modo que el estudiante con IC pueda acceder al currículo en igualdad de condiciones y desarrollar al máximo sus capacidades comunicativas y académicas.
Referencias
Archbold, S., y Mayer, C. (2012). Educación para sordos: ¿El impacto del implante coclear? Sordera y educación internacional, 14(1), 2–15. DOI: 10.1179/1557069X12Y.0000000003.
Geers, A. E., y Hayes, H. (2011). Habilidades de lectura, escritura y procesamiento fonológico de adolescentes con 10 o más años de experiencia con implantes cocleares. Oído y audición, 32(1), 49S-59S. DOI: 10.1097/AUD.0b013e3181fa41fa.
Zanin, J., y Rance, G. (2016). Audición funcional en el aula: dispositivos de asistencia auditiva para estudiantes con discapacidad auditiva en un contexto escolar convencional. Revista Internacional de Audiología, 55(12), 723–729. DOI: 10.1080/14992027.2016.1225991.
Confederación Estatal de Personas Sordas (2010). Alumnado sordo en Secundaria: ¿Cómo trabajar en el aula? Madrid: CNSE, Colección Materiales Didácticos.
José Luis Verona Gómez
Maestro especialista en Audición y Lenguaje
Pedagogo especialista en Educación Especial
verona@audicionylenguaje.es
